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De maquillaje, mentiras, espejos y miedo

Diciembre 25, 2009 · 1 comentario

Felices fiestas gente :-*

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De amores desquiciados

Diciembre 19, 2009 · 4 comentarios

- ¿ Vosotros dos os conocéis de hace mucho, verdad?

Pero se habían empezado a hablar hace media hora.

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De animales: ¿Qué clase de puercoespín eres?

Diciembre 9, 2009 · 2 comentarios

En un frío día de invierno un grupo de puercoespines se acercaron mucho los unos a los otros, apretujándose, con el fin de protegerse, mediante el mutuo calor, de quedar helados. Pero pronto sintieron las recíprocas púas, que los hicieron distanciarse otra vez a los unos de los otros. Mas cuando la urgencia de calentarse volvió a acercarlos, se repitió otra vez la misma calamidad, de modo que eran lanzados de acá para allá entre
uno y otro mal, hasta que por fin encontraron una distancia moderada entre ellos, en la que podían mantenerse óptimamente.

Así es como la necesidad de compañía, brotada de la vaciedad y monotonía de su propio interior, empuja a las personas a juntarse; pero sus muchas propiedades repulsivas y sus muchos defectos intolerables vuelven a apartarlas violentamente. La cortesía y las costumbres delicadas son la distancia media que acaban encontrando y con la cual puede subsistir una coexistencia entre ellas. En Inglaterra, a quien no mantiene esa distancia le gritan:  “Keep your distance!”

Es cierto que mediante ella se satisface sólo de manera incompleta la necesidad de mutuo calentamiento, pero, en compensación, no se siente el pinchazo de las púas. Ahora bien, quien tiene mucho calor interior propio prefiere permanecer alejado de la sociedad, para no dar molestias ni recibirlas.

Parerga y Paralipómena, Schopenhauer

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De canciones y de magia.

Diciembre 7, 2009 · 2 comentarios

Las ilusiones son de cristal,
las decepciones te haran más fuerte.
Ponte de pie, que las hostias no te hagan parar.
Los años pasan sin avisar,
las noches siguen sabiendo a sangre.
La magia esta en su fecha decaducidad.
Cóctel molotov que te estalla en el pecho al final.

En mi bolsillo no queda nada ya
ni un solo gramo de confianza.
Llámame, quedaremos para naufragar.
Y despues me iré donde nadie me pueda encontrar.
Descarrila un tren al amaner,
un par de recuerdos son bastante.
¿Qué mas da?
El pasado es pasado sin más.

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De edificios que solo existen en sueños

Noviembre 30, 2009 · 2 comentarios

Tengo un sueño que se repite. Voy caminando por el centro de Madrid. A veces solo, a veces con alguien más. La mitad de las veces está lloviendo, pero se abre un claro, y me sobra el paraguas. No sé que hacer con él. Hay otras veces en las que lo que me sobra es la mochila, una carpeta, un abrigo, o cualquier otra tontería.

Me estorba. Llevo un peso extra que no necesito allá donde voy. Y entonces se me ocurre la feliz idea de entrar en la tienda.

Es un edificio viejo, antiguo, con su farmacia contigua. Tiene una sola habitación bastante estrecha, y una pequeña trastienda tras el mostrador de caoba. Ahora mismo soy incapaz de distinguir la caoba del pino macizo o del enebro natural, pero estoy seguro que el mostrador del sueño es de caoba vetada.

Hay un montón de estanterías, llenas de esas figuras de cerámica cutres que se pueden encontrar en cualquier chino. Algunas están bailando, otras esperan sentadas. También hay casitas para decorar el belén de navidad. Pero están repetidas, al igual que la porcelana bailarina y los pensadores que se rompen con solo mirarlos. Cada estantería tiene al menos 4 o 5 veces la misma casita, los mismos molinos.

De las paredes cuelgan cientos de relojes de cuco. Está todo lleno. No quiero estar allí ni a en punto ni a y media. Es tarde ya, pero no se qué hora es. Si mirase las agujas me despertaría, así que no lo hago. Me acerco al señor que hay al fondo. Tiene una barba canosa, y está medio calvo. Huele mal. Como a perro mojado.

Me fijo en las cajas que hay detrás del mostrador. Están llenas de carpetas, de sobres sobresaliendo por todas partes, con hojas viejas y arrugadas en su interior. Al lado hay un ordenador, con su monitor CRT. Desentona. Deduzco que es el que utiliza el perro mojado para cobrar. O lo que sea que hagan allí.

- ¿Qué es esta tienda? – pregunto.  Pero para ser sinceros, solo lo pregunté el primer sueño. El resto de veces iba buscando específicamente esta trastienda.

El lugar es una especie de guardarropas. Una especie de tienda-armario. Dejas un objeto, lo registran, y puedes volver a recogerlo en un máximo de 24 horas. A partir de las 24 horas, también puedes recogerlo, y sin ningún tipo de recargo. De hecho ni siquiera cobran nada por los depósitos. No sé por qué el perro mojado me dijo lo del máximo de un día, cosas de los sueños. Quizás más adelante cobre un significado, pero a día de hoy no lo tiene.

Miro a una peluca de pelo largo y rizado que hay tirada entre las cajas mientras sigue hablando. Dice que allí todo es absolutamente confidencial. Si guardas algo en un sobre, te garantizan que nadie lo abrirá. De hecho, creo que lo que verdaderamente vale de aquel sitio (y en todos) se esconde entre los sobres.

Perro mojado me comenta que casi nadie vuelve a recoger lo que han dejado. Normalmente viene gente muy huraña, le entrega una figura, una carpeta, y se van para siempre. La gente escribe en folios pensamientos que no quiere compartir con nadie más. Y se olvidan de ellos en esa tienda.

-¿Y los relojes?
- Soy coleccionista.

Le dejo el paraguas. Prometo volver.

Pero salimos, y se nos hace tarde. No recuerdo que hacemos, no es importante. Quizás bailamos. Para cuando regreso a la tienda ya está cerrada. Algo me dice que hay una puerta trasera que nadie conoce. Unos segundos después estoy tras el mostrador, rodeado de cajas y albaranes, fisgando entre la supuesta contabilidad.

Hay un registro, sin nombres. Una tabla de cientos y cientos de páginas, llena de fechas, de horas y minutos, de anotaciones. “Sobre con carta incompleta, caja 13, montón 2, goma roja. 17:21. 9 de febrero 86″

Y descubro que es mentira todo aquello de la privacidad. Los sobres están abiertos, despegados. Hay cartas muy tristes. Garabatos con nombres sueltos que me hacen llorar. Me siento realmente mal, quiero salir de allí. Y entonces despierto.

Al día siguiente de tener este sueño (y ya van 3 o 4 veces), pienso en escribir en un folio una lista de nombres, de personas, de gestos, de olores y sabores,  de cosas que no quiero volver a recordar nunca. Pero no se me ocurre nada. Quizás lo haya hecho ya en otro sueño, y estés allí, guardada en un sobre, en la caja 13, en el montón 2, con una goma roja rodeándote la cintura, y encerrándote en el sobre, junto con otras muchas historias y nombres que ya he olvidado. Puede que mi nombre esté en una o varias de esas, que lo haya dejado alguien más, y que termine olvidándome de mí mismo.

Los días de lluvia, pienso en esa tienda, y en lo genial que me parece la idea de que exista algo así. Y al llegar a casa, y comprobar que la ropa que llevaba huele a perro mojado, me asusto.

Sé que hoy volveré a tener el mismo sueño, aunque al despertar no recuerde lo que he leído, ni qué me ha hecho amanecer llorando.

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so la la

Noviembre 12, 2009 · 3 comentarios

—Sólo quiero saber qué camino debo tomar —pregunta Alicia.

—Pues depende de adónde quieras ir tú —responde el gato.

—Eso no importa —responde Alicia.

—Entonces no importa el camino que escojas.

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Verdades universales que a veces se nos olvidan

Octubre 31, 2009 · 3 comentarios

Si mientes, no es verdad.

Si dueles, no es amor.

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Cuando se miró al espejo, no se reconoció

Octubre 20, 2009 · 4 comentarios

Agarró fuertemente la mano de su madre. No quería soltarse, el colegio le asustaba. Su hermano mayor le contó que a los niños que no estaban todo el rato en silencio en clase, les ponían una pinza en la nariz y no se la quitaban hasta que estaban rojos como un tomate. “El cole no es como la guardería, ya eres mayor”.
Cuando al fin llegó a casa y se sentó delante del plato de macarrones pensó que no era tan terrible, y manchó su camiseta del rojo tomate que le contó su hermano. Un tiempo después, era él quien le decía a su hijo que no se preocupase, que seguro que lo pasaría genial allí. “Ya lo se, papá, ¡no soy tonto!”.
Entre triste y feliz, pensó brevemente en lo rápido que pasaba el tiempo, mientras la tierra iba tapando los pocos rayos de luz que se colaban entre los huecos de su caja de madera de ciprés.

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Me envalentono y te digo…

Septiembre 29, 2009 · 3 comentarios

Me envalentono y te digo,
que tienes los ojitos como fruta del olivo.
- Que no, primo, que yo me voy con el sol
y por mis muertos que tu no amaneces conmigo.
Quiero que se quede y se sube al tejado,
con un ojo abierto y el otro entornao,
pa ver si caemos mis penas y yo en algún descampado.

Y me encaramo como puedo,
giñao, con las manos sudando,
en cuanto le dije te quiero,
ya estaba roncando, soñando de nuevo.

Me encorajino y decido,
se que tu serás mi niña, que te casarás conmigo.
- Pesao, que eres un pesao,
otra vez te lo digo:
me voy cuando quiera y cuando quiera te olvido.

Te he escrito un poema de esos agarraos,
quiero amaneceres contigo a mi lado.
Ella me cierra la puerta.
- ¡Venga ya hombre!  A cualquier cosa
le llaman poeta.

Si es cierto mejor me despido,
la aurora me pilla llorando,
me acuna y dice que se ha ido
para que no sufra,
que duerma tranquilo.

No quiero tu amor temporero,
tu flujo de hiel, tus ganas de perder.
Aunque se que si te vas me quedo en nada.
No pienso caer, no me voy a joder,
porque se que me acecha el día y el sol
pa follarme a cara de perro y decirme,
¿Qué vas a hacer con tu mierda de poemas,
sin su olor, sin su piel?

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Little boxes

Septiembre 15, 2009 · 1 comentario


Little boxes on the hill side, little boxes made of ticky-tacky.
Little boxes, little boxes, little boxes all the same.
There’s a green one and a pink one and a blue one and a yellow one,
And they’re all made out of ticky-tacky, and they all look just the same.

And the people in the houses all go to the university
Where they all get put in boxes, little boxes, all the same.
And there’s doctors and there’s lawyers, and there’s business executives
And they’re all made out of ticky-tacky and they all look just the same.

And they all play on the golf course and drink their martini dry
And they all have pretty children and the children go to school
And the children go to summer camp and then to the university
Where they all get put in boxes and they all come out the same.

And the boys go into business and marry and raise a family
And they all get put in boxes, little boxes all the same.
There’s a green one and a pink one and a blue one and a yellow one
And they’re all made out of ticky-tacky and they all look just the same.

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