Engarzó los últimos verso sobre el papel. Lucía mordisqueaba el extremo del bolígrafo, mientras releía las últimas frases. Asonante, libre, asonante. Estaba satisfecha. Se levantó de la arrugada mesa, llevándose con cuidado el folio, como si se tratase de algo valioso.
La lamparilla seguía encendida, envolviendo la habitación de un color amarillento. A las dos de la madrugada no hay luz natural. Era algo tan obvio,que le llevó años darse cuenta. Lucía no encontraba luz a pleno día, y trató de iluminarse por las noches. Pero las farolas grises de su ciudad ni alumbran ni calientan lo mismo que un amanecer. No sabían, nadie las había enseñado. Echaba de menos la montaña.
Cruzando el pasillo, llegó al trastero. Rebuscó entre las cajas de cartón la de las historias terminadas. Sobre el parqué, el folio. Allí dentro habría otros 50. El primero estaba en blanco. No le gustaba volver a leer lo que había escrito hace tiempo. Poniéndolo allí evitaba que se le escapara alguna mirada indiscreta. Tampoco le gustaba poner títulos. Nada de lo que Lucía escribía tenía título. Guardó el folio en la caja, saboreando por penúltima vez las estrofas intermedias, y dejó el montón encima.
¿Sabes? A tí algún día te liberaré del papel, y te escribiré en donde de verdad debes estar.
Pero Lucía dudaba de que quedasen pieles sobre las que escribir versos. Y además, estaba segura de que a él no le gustaban los tatuajes.
Volvió a su cuarto, a la silla de madera, a la falsa luz amarilla. Jugueteó con el boli entre sus manos. Lo pasaba entre los huecos de sus dedos, lentamente. Era un boli bic normal, como cualquier otro, sin su pequeña tapa azul en el extremo. Lo más probable es que se hubiese salido, el plástico estaba ligeramente rajado. Le apetecía seguir escribiendo. Estaba segura de tener algún borrador en el cuaderno. Esta vez no se tuvo que mover, lo tenía encima de la mesa. Empezó a pasar páginas. Dibujos en los márgenes. ¿Dónde estaban las notas que buscaba?. Probó suerte a finales de marzo. Fue mientras pasaba del 13 al 14 de abril cuando sonó el móvil. Leyó el mensaje, y se tumbó en la cama. No sabía qué contestar.
A la mañana siguiente seguía siendo día 14. Y lo siguió siendo por más de una semana.
3 respuestas hasta el momento ↓
aniol // Mayo 8, 2009 a 21:28 |
Ahora elige:
- Si quieres que Lucía se vaya a tirar la mesa arrugada a la basura, ve a la página 12.
- Si quieres que Lucía tatúe todos sus poemas en su propia piel, ve a la página 13.
- Si quieres que mañana ya sea 14 de marzo, ve a la página 14.
AlegriaDeLaHuerta // Mayo 11, 2009 a 19:49 |
Me encanta… me siento un tanto identificada. Pasando hojas y escribiendo, y poniendo títulos evidentes, sin pensarlos.
Tisi // Mayo 14, 2009 a 12:32 |
Me gusta glogui, seguro que la del sms era yo xddddddddd